La colección propone un diálogo contemporáneo entre Bélgica y el Congo, explorando su relación histórica marcada por tensiones y desequilibrios. A través de tres looks, esta conexión se traduce en formas y volúmenes que enfrentan lo rígido y lo orgánico, utilizando la moda como medio para reflexionar sobre la memoria, la identidad y la reconciliación cultural.
La inspiración surge de la investigación del pasado colonial, reinterpretando máscaras congoleñas, en particular las máscaras Luba, por su fuerza simbólica y espiritual. En contraste, se incorporan referencias a la estética militar belga. También aparece el Abacost como símbolo de resistencia cultural, representando la búsqueda de autonomía e identidad frente a la influencia occidental.
Se utiliza una paleta de materiales sencilla para resaltar los volúmenes, trabajando con denim, punto y polipiel como alternativa ética al cuero animal. La lana de cuadros y el popelín aportan un lenguaje más formal, mientras que las manipulaciones textiles en foil plateado añaden un brillo ceremonial.